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Gustavo Tarchini

Sombras Abatidas



Ésta, nuestra querida provincia de Santiago del Estero, consumió o administró mal casi once millones de hectáreas de bosques de los cuales según expertos hoy sólo quedan 442.000 ha de monte productivo y 6.500.000 de monte degradado en distintos estados de recuperación.


Decidí fotografiar este tema porque considero que vale la pena hacer un registro del mismo.


El libro “El bosque sin leyenda” de Orestes Di Lullo que leí en 1998 despertó mi interés y me dispuse a estudiarlo.


En mayo de 2000 tomé la primera fotografía de este trabajo que culminé en mayo de 2004. Las fotografías fueron realizadas en los departamentos Figueroa, Alberdi, Moreno y Copo en la provincia de Santiago del Estero.


Mientras lo realizaba me asombraba constantemente el parecido de las situaciones relatadas en el libro de Di Lullo de 1937. Casi todo estaba igual, con el agravante del paso de los años. Sólo adaptaciones como las que los vales son reemplazados por cheques a noventa días, las hachas por motosierras, los trenes por camiones. Es como si no hubiese pasado el tiempo, salvo por los diámetros menores y la penosa disminución de la fauna.


La misma rutina, la misma historia, las mismas penas.


Una de mis ideas era documentar el bosque desde un punto de vista social. La relación estrecha entre el bosque, el hombre y el hachero. Luego, esto se amplió y aunque no está representado en las copias que conforman esta muestra, la colección de imágenes que se generó, incluye la explotación de la madera para carbón, los aserraderos, el ferrocarril y las viejas extractoras de tanino. También grabé en cintas de audio algunos testimonios y tomé constantemente notas de lo visto y hablado con los personajes implicados.


Uno de los motivos por lo que hice tal documentación, es que la historia pueda contar con registros suficientes como para poder juzgar a los responsables de esta masacre, si esto algún día sucede.


El desmonte de enormes superficies destinadas a la agricultura, miles de hectáreas arrasadas con topadoras, deja a mi documento como un cuento de hadas y, como decía Di Lullo, estas explotaciones sólo nos dejan “un impuesto mal cobrado y peor invertido”.


Hoy grandes explotaciones agrícolas son manejadas por una cantidad de empleados que podemos contar con los dedos de la mano, y ganancias que en la gran mayoría de los casos no quedan en la provincia.


En pocos años estas superficies serán desiertos debido a su mal uso. Llegamos al punto histórico en que se ha consumido el bosque, y hoy la tierra, y así lentamente nos encaminamos a la inviabilidad económica como provincia. Más aún si tenemos en cuenta que la educación no fue nunca nuestro fuerte.


Trabajemos desde las aulas con los más chicos y en todos lados, para que no sea nuestra última solución el exportar gente, que es lo que tristemente caracteriza a esta provincia desde hace años.


No es mi intención aquí encontrar la solución. Yo vi un problema y lo presento en la forma que puedo hacerlo, fotografiándolo.


No estoy capacitado para dar soluciones. Si sirve este trabajo para despertar inquietudes y debates, cuenten con él y conmigo.


En este camino encontré muchos sabios. Sabios de cuarto y quinto grado, edad donde los lápices les fueron cambiados por hachas y si este destino no sucede antes es porque el peso del hacha impide que los chicos puedan manejarla.


Los hacheros que conocí tienen una gran claridad de la situación, son conscientes, en un ciento por ciento, de cómo son las cosas, de su explotación y del comportamiento de nuestros dirigentes.


Un señor de más de 60 años, que trabajaba de hachero desde adolescente, me dijo que a él no le importaba el resultado de las elecciones, que sabía de antemano que nada cambiaría en su vida como consecuencia de los resultados.


Quiero agradecer a todos los hacheros la predisposición y colaboración puestas para que yo pudiera hacer mi trabajo. A ellos, víctimas de este sistema que los excluye prácticamente desde el momento de nacer en una zona rural donde la educación es todavía una materia pendiente.


Espero que la muestra les despierte el interés en el tema, tanto como a mí al tomar estas fotografías